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El futuro de la constelación Copernicus Sentinel-2

Más satélites, imágenes más frecuentes y nuevos tipos de datos: la hoja de ruta del programa Copernicus hasta 2030 y lo que significa para el agricultor.

Junio 2026 · 7 min de lectura
Tractor agrícola de precisión con tecnología satelital avanzada

Desde que en 2015 se lanzó el primer satélite Sentinel-2, los agricultores europeos han podido acceder a imágenes gratuitas de sus parcelas cada 5 días. En la última década ese servicio ha ido mejorando de forma continua, y la hoja de ruta del programa Copernicus —financiado por la Unión Europea y la ESA— es aún más ambiciosa para los próximos años.

Este artículo recoge el estado actual de la constelación, los satélites que están por llegar y por qué algunas de las nuevas misiones pueden cambiar radicalmente la forma de vigilar cultivos desde el espacio.

1. La constelación hoy: tres satélites en órbita (2024-2026)

La misión Sentinel-2 atraviesa un periodo excepcional. Lo habitual es que la constelación opere con dos satélites, lo que garantiza una imagen cada 5 días en latitudes medias (como España). Pero desde septiembre de 2024 hay tres unidades activas:

  • Sentinel-2A (lanzado en 2015): el pionero. En enero de 2025 cedió su posición orbital nominal al Sentinel-2C, pero sigue activo en una campaña de extensión de vida que proporciona cobertura adicional mientras dure su combustible.
  • Sentinel-2B (2017): continúa en operación nominal.
  • Sentinel-2C (lanzado el 5 de septiembre de 2024): relevo del Sentinel-2A. Desde enero de 2025 es uno de los dos satélites que forman la constelación nominal junto al 2B.
¿Qué cambia para el agricultor? Mientras el Sentinel-2A permanezca activo en su campaña de extensión, la revisita efectiva sobre España mejora de los 5 días nominales a aproximadamente 2-3 días. Esto significa más imágenes utilizables por temporada y menos probabilidades de que una racha de nubes deje semanas sin datos. Esta situación de tres satélites es transitoria, no permanente.

La resolución espacial se mantiene igual que desde el inicio: 10 m/px en las bandas de luz visible e infrarrojo cercano (las que calculan el NDVI), 20 m/px en las bandas Red Edge y SWIR (las que calculan NDRE, NDMI y EVI), y 60 m/px en las bandas dedicadas a corrección atmosférica.

2. Los próximos lanzamientos (2027-2029)

El programa Copernicus no se detiene en Sentinel-2. Hay varias misiones en preparación que ampliarán el tipo de datos disponibles más allá de lo que pueden capturar los sensores ópticos convencionales.

Misión Lanzamiento previsto Qué aporta para la agricultura
Sentinel-2D ~2027/2028 Relevo del Sentinel-2B. Garantiza la continuidad de la serie histórica de datos.
CO2M
(Sentinel-7)
2027 Monitorización de emisiones de CO₂ de origen humano. Impacto indirecto en análisis de biomasa y huella de carbono de las explotaciones.
LSTM
(Sentinel-8)
~2028 Sensor térmico de alta resolución. Medirá la temperatura de la superficie y la evapotranspiración a nivel de parcela. Permitirá detectar el estrés hídrico con mucha más precisión que los índices actuales.
CHIME
(Sentinel-10)
~2028/2029 Sensor hiperespectral. Centenares de bandas para diagnóstico químico de la vegetación: nitrógeno, clorofila, contenido de agua en hoja. Un salto cualitativo frente a los 13 canales del Sentinel-2.

Las fechas de las misiones de expansión (CO2M, LSTM, CHIME) son orientativas: el programa Copernicus ha sufrido retrasos en varios lanzamientos en los últimos años y los plazos pueden ajustarse. El orden de prioridad sí es firme: la continuidad de la serie Sentinel-2 (con el satélite 2D) primero, y las nuevas capacidades después.

3. Las dos misiones que cambiarán la agricultura de precisión: LSTM y CHIME

Entre todos los satélites en preparación, hay dos que merecen atención especial por su impacto directo en el seguimiento de cultivos.

LSTM — Por fin, temperatura de la parcela

Hoy, con el Sentinel-2, calculamos el estrés hídrico de forma indirecta: miramos cómo cambia la luz infrarroja que refleja la hoja (índice NDMI) y deducimos si la planta tiene suficiente agua. Es útil, pero es una aproximación.

El LSTM (Land Surface Temperature Monitoring) llevará un sensor térmico que medirá directamente la temperatura de la superficie del cultivo. Cuando una planta sufre falta de agua, sus hojas se calientan porque no puede transpirar con normalidad. Esa diferencia de temperatura —a veces de solo 1-2°C respecto a una planta bien regada— será detectable a escala de parcela.

Esto permitirá calcular la evapotranspiración real del cultivo: cuánta agua está perdiendo al ambiente cada día. Con ese dato, el agricultor o el técnico podrá ajustar el riego con una precisión imposible hoy en día desde el espacio.

CHIME — El análisis químico desde el satélite

El Sentinel-2 capta 13 bandas espectrales. El CHIME (Copernicus Hyperspectral Imaging Mission for the Environment) capturará centenares de bandas contiguas a lo largo de todo el espectro visible e infrarrojo.

¿Para qué sirven tantas bandas? Cada molécula química de la hoja —clorofila, nitrógeno, agua, lignina, celulosa— tiene una "firma" espectral única que solo se puede distinguir con suficiente resolución espectral. Con 13 bandas se pueden calcular índices; con cientos de bandas se puede hacer prácticamente un análisis de laboratorio sin bajar al campo: concentración de nitrógeno hoja a hoja, contenido de agua en la vegetación, estado fitosanitario, detección de enfermedades antes de que sean visibles.

En perspectiva: Hoy para saber si tu maíz tiene suficiente nitrógeno, envías una muestra de hoja al laboratorio o usas el índice NDRE del satélite como aproximación. Con CHIME, el satélite podría darte directamente la concentración de nitrógeno en la hoja, con resolución de parcela y actualización cada pocos días.

4. La siguiente generación: Sentinel-2 Next Generation (post-2030)

La ESA ya ha iniciado la fase de diseño de la siguiente generación de satélites Sentinel-2, para sustituir gradualmente a los actuales a partir de la década de 2030. Los objetivos que se están estudiando —aunque sin especificaciones técnicas definitivas aún confirmadas— apuntan en varias direcciones:

  • Mayor resolución espacial: se estudia dar el salto de los 10 metros actuales a los 5 metros por píxel en las bandas principales. Para una parcela de 1 hectárea, eso significaría pasar de ~100 píxeles a ~400 píxeles: mucha más capacidad para distinguir zonas problemáticas dentro de la misma parcela.
  • Revisita más frecuente: la combinación de más satélites en la constelación y la interoperabilidad con la red Landsat-Next de NASA ya permite hoy alcanzar revisitas medias de 1,4-1,6 días cuando se combinan ambas fuentes de datos. La siguiente generación aspira a acercarse a la observación diaria con una sola constelación.
  • Más bandas espectrales: inclusión de bandas adicionales en el infrarrojo para mejorar la corrección atmosférica y los índices de vegetación en condiciones de alta humedad o contaminación.

Estas son metas de diseño, no compromisos formales. El calendario de la siguiente generación depende en parte de cuánto tiempo aguanten los satélites actuales y de los presupuestos del programa Copernicus en los próximos ciclos de financiación europeos.

5. Qué significa todo esto para el agricultor

A corto plazo (ahora mismo), la campaña de extensión del Sentinel-2A ofrece una ventana de oportunidad para tener más imágenes por temporada que en años anteriores. Aprovéchala para hacer un seguimiento más detallado del estado del cultivo en los momentos críticos del ciclo.

A medio plazo (a partir de 2028), la llegada del LSTM y el CHIME va a transformar lo que es posible hacer desde el espacio. El LSTM dará acceso directo al estado hídrico real del cultivo, no a una aproximación. El CHIME acercará el diagnóstico nutricional a lo que hoy solo se consigue con muestras de laboratorio.

A largo plazo (post-2030), si la siguiente generación cumple los objetivos de resolución y frecuencia, la diferencia entre lo que se ve desde el satélite y lo que se ve caminando por el campo será cada vez menor.

Todo este progreso ocurre sobre la misma base: datos abiertos y gratuitos, financiados por los ciudadanos europeos a través de la Unión Europea. El agricultor que usa estas herramientas hoy ya está sacando partido a una infraestructura que hace veinte años habría sido impensable fuera de la defensa o los grandes operadores comerciales.

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